¡Matrix en el cine!. La mirada del Coach.

Foto de The Matrix

– El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.

Antoine de Saint-Exupery

Llevo mucho tiempo queriendo hacer un análisis de Matrix. Uno de los motivos que me mueve a ello es que más allá de deslumbrarme con sus impresionantes efectos especiales, que sin duda lo hicieron y más aún en 1999, es de las pocas películas de las que hacían plantearse la realidad en la que vivimos y de las que te invita a sumergirte en una mayor comprensión de ti mismo.

Le lectura de la película se puede enfocar de muchas formas, para mí, la más interesante y de la que quiero hablar es dentro del ámbito filosófico. Tiene que ver con la eterna disputa razón y emoción, del ¿qué debe pesar más, el pensamiento racionalista o el sentir emocional?. En mi vida, ¿cómo tomo las decisiones? ¿voy por el camino correcto? ¿debo fiarme de mis percepciones? ¿Estaré equivocado con lo que siento? ¡Uffff… qué complicado!

En una de las escenas al inicio del filme, Morfeo comenta a Neo como, se habían encontrado debido a que los dos “sabían” que había algo en este mundo que no funcionaba, y ambos buscaban la misma respuesta, – es como una espinita clavada en tu mente, no sabes como lo sabes, pero lo sabes -. Para los lectores más racionalistas, hablan del mundo de Matrix, como una especie de hiper-realidad virtual, un mundo paralelo. La película a este nivel, es también una obra de arte.

Sin embargo, para mí los hermanos Wachowsky querían enviar un mensaje algo más profundo utilizando dicha trama, algo similar hicieron con otra excelente obra como “V de Vendetta”. El éxito de ambas, radicó en el mensaje que asoma sutilmente debajo de las superficie, debajo de los impresionantes fuegos artificiales que fueron, en su momento, sus innovadores efectos 3D. Querían hablar de percepciones y de su valor para el individuo. Del mismo tipo sensaciones cuando sabemos que estamos o no con la persona adecuada, o cuando estamos enamorados de alguien. Nadie puede decirte si lo estás, simplemente, lo sabes. Esa confianza en las propias capacidades ahora sabidas tan importantes no estaban tan estudiadas a finales del milenio.

En otra escena, también clave, para entender mi lectura: Morfeo  (maestro de Neo) está luchando con Neo en modo entrenamiento. Neo parece rápido pero es vencido por su maestro. En cierto momento, el maestro le dice, – fíjate, eres más rápido que yo,- – ¡deja de intentar golpearme y hazlo!. – En ese momento Neo, cree en sí mismo y consigue superar sus propias expectativas y las de su mentor, al poder moverse muchísimo más rápido que antes. Justo allí, se produce un “quiebre” en Neo, un momento de toma de conciencia, es más rápido de lo que creía en un primer momento. Uno de esos momentos cuando todo encaja a la perfección y sientes como un nuevo mundo se abre ante tus ojos, has subido de nivel de conciencia. Neo pone en duda sus propios límites, y los cuestiona. Allí es donde empieza a darse cuenta de su realidad y empieza a darse cuenta de que hay muchas decisiones que están en su mano.

Confiar en ti, al igual que Neo, significa dar valor a tus percepciones. Neo, como nosotros, percibe la realidad a su manera y sabe muchas verdades que todavía no es capaz de explicar, pero sabe que son así. Ten el valor de dar valor a lo que sientes y actúa en consecuencia. No te juzgues tanto. Las emociones no son negativas por si mismas, cumplen una función, nos sirven de guía y dan luz si aprendemos a escucharlas.

A lo mejor tu aprendizaje no te ayuda a salvar el mundo de la amenaza de las máquinas, como en Matrix, pero puede acercarte un poco más a quien en realidad eres tú, a actuar con decisión en tus momentos angustiosos y, en definitiva, a hacerte un puntito más feliz. 😀

 

 

 

Alberto Díaz

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Por amor a la ciencia

cerebro_amor

¿Qué relación existe entre la ciencia y el teatro? ¿Se pueden unir dos conceptos tan aparentemente alejados entre si? Es lo que ha hecho este grupo de investigadores en su obra The Big Van Theory. Lejos de pretender ser una réplica de su homóloga americana en televisión, donde actores profesionales interpretan, aquí, son científicos de los de bata y probetas, los que actúan.

Cada uno de los participantes, especialista en un ámbito concreto (biología, química o electrónica) nos acerca en tono de humor, los últimos avances científicos en su campo para divertir al máximo a un público formado por los que, como yo, nos consideramos “no-iniciados”.  Se une también la colaboración del siempre imprevisible público a través de una ronda final de preguntas donde los más lanzados saciaran su sed de conocimientos, y donde estoy seguro que pondrán a prueba en alguna ocasión a los investigadores.

La comunicación de la ciencia al resto de los mortales todavía está en pañales y aunque vivimos en un mundo hiperconectado, hacen falta personas del estilo de Daniel Goleman, Eduard Punset o estos jóvenes científicos que más allá de sus estudios, se han dedicado a la recopilación y divulgación de conocimientos al resto. Esta obra une, a mi juicio, ciencia y emoción, de manera extraordinariamente práctica, científicos metidos en un rol de actores, donde para brillar tienen que hacer uso de una parte, que seguro nadie les ha enseñado en sus carreras técnicas, la de la mente emocional, la misma que permite la conexión con el público para hacer reír, para empatizar.

Muestra la paradoja de que que no hay división entre ambas en realidad, pero nos empeñamos en intentar disociar dos conceptos que son inseparables. Mi aprendizaje es que hace falta más sentimientos en los laboratorios y más ciencia en las emociones, es lo que consigue TBVT en su representación conectando el humor a su talento científico.

 

 

 

 

 

Alberto Díaz

 

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