Amelie en la Mirada del Coach

Amelie

En un beso, sabrás todo lo que he callado.

Pablo Neruda

Amelie Poulain es una joven francesa residente en París, con una vida desconectada del mundo por pensar sus padres que tenía una extraña enfermedad. La pobre Amelie, lo único que tenía era unos progenitores totalmente desconectados de las emociones que no entendían que su hija solo necesitaba un poco más de el contacto humano. Para más desgracia, en su infancia pierde a su madre, y vive prácticamente aislada con su padre hasta sus 18 donde decide buscarse las habichuelas trabajando de camarera en un restaurante del centro de Montmaître.

El filme (de 2001) está contado en tercera persona, y nos permite entender la personalidad de la protagonista y empatizar con su particular y hermosa forma de ver el mundo. Pero también describe de manera sublime cada uno de los personajes que van apareciendo, detallando lo que los caracteriza, sus manías o aficiones, su particular forma de ser. Esa forma de descripción, tan humana, es precisamente uno de los puntos más fuertes de la película. Y es a mi juicio, una de las carencias de este mundo tan racional. Decía El Principito, “solo se ve bien con el corazón“, y en esta obra tenemos un bonito ejemplo de este tipo de mirada.

Aquí va una escena (debajo transcripción):

– Narrador: A veces los viernes Amelie va al cine…

– (susurro) Me gusta mirar hacia atrás en la oscuridad y ver la cara de los espectadores. También me gusta descubrir los detalles que nadie más ve. En cambio odio cuando en las películas el que conduce nunca mira a la carretera.

– Amelie no tenía un hombre en su vida, lo había intentado, pero el resultado nunca había estado a la altura de sus expectativas. En cambio cultiva el gusto por los pequeños placeres, hundir la mano en un saco de legumbres,  partir el caramelo quemado de la crema catalana con la cucharrilla, y hacer rebotar las piedras en el canal Saint Martin.

La vida de Amelie da un giro inesperado, en 48 horas su vida cambia por completo en el momento en que empieza a tomar decisiones, decisiones que van de acuerdo a lo que ella siente. Comienza a sentirse responsable de su vida y actúa para conseguir su sueño, estar con la persona que ama.

Como en todo reto, le surgen dudas acerca de que camino tomar, en que tren subirse. Aparecen los miedos, común en toda persona y en todo cambio. En la vida, para cualquiera pasan muchos trenes, aparecen y podemos elegir cogerlos o esperar al siguiente. Podemos perderlo, es una opción, otro pasará. El problema no es dejar pasar uno, sino estar siempre viviendo en la estación, mirando los trenes y soñando viajar en ellos, generando miles de historias para convencernos de que hacemos lo correcto no arriesgándonos a subirnos y decidiendo vivir de miles de “pudo haber sido”, sin darnos la oportunidad en el presente de regalarnos un “nuevo será”.

Amelie nos enseña, a través de sus acciones, a vivir la vida con plenitud a través de su historia de amor. Es una oda a aquellos valientes que luchan por ser fieles a su corazón. Y no sólo en el plano de las relaciones y el amor, tema de la película, sino en cualquier otro ámbito. El amor, es la mayor motivación del ser humano, aquello que nos incita a movernos con más ahínco, a romper barreras y a superar miedos. ¿Te atreves a amar de nuevo?

 

Alberto Díaz

Coach y Director de DaysOfJohn

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